domingo, 27 de febrero de 2011

Pedro Páramo
Por Guillermo Fajardo
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…”  Juan Rulfo, Pedro Páramo
Novela de desolación y muerte, Pedro Páramo es un retrato de lo que es México: un país de muertos, en donde la verdadera figura de la soledad no se encuentra palpitando en un mundo inaccesible y acaso fugaz, sino en el diario vivir en el que se descubren las “máscaras mexicanas” de Paz, aquellos símbolos que esconden al mexicano en la bruma de lo que es. Novela, también, de amor y desesperación, cuando Pedro Páramo no puede sino ver como Susana San Juan –la única mujer a la que ha amado- ingresa en un espiral de locura incontrolable, solamente atenuada por sus ganas de morir. Susana San Juan es la única pared con la que Pedro Páramo se topa en su intento por abarcar todo con su poder, pues es el único ser al que ama.
En Pedro Páramo confluyen elementos que reconocemos propios, como el indio desconfiado, el albur y la cobardía enmascarada que se esconde tras velos de debilidad. Fotografía auténtica de un pasado que no podemos desentrañar, la novela acomete contra La Revolución como un espacio en donde los espectros más perdidos de México encontraron como encauzar su hartazgo pero sin un fin discernible y tangible, capaz de suscitar en ellos mismos una misión a seguir, pues se encontraron en un país gigante, desordenado y temporal.
Amable para con el lector, la prosa de Juan Rulfo es ordenada y barata, al grado de exiliar para siempre los detalles superfluos y así exhibir con galanura y hasta con detalle los pasos de cada personaje, el estertor de los moribundos, las nubes y los accesos de luz en Comala. Así, Juan Rulfo crea un mundo feliz para algunos, triste para otros, y esclavizado para Pedro Páramo que, con ira feroz, brutal y apabullante condena a Comala para siempre cuando ve que el pueblo confunde los campanazos de la muerte de Susana San Juan con una fiesta y, firmando su olvido, dice:
 “Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre. Y así fue…”
Juan Preciado, Dolores Preciado, Miguel Páramo, Fulgor Sedano, el padre Rentería entre mucho otros, son solamente satélites de Pedro Páramo, que se ven desmadejados ante un hombre imponente pero sobre todo, lleno de maldad.
Pedro viene del latín “petra”, que quiere decir, “piedra”, un páramo es un lugar con poca vegetación, también puede significar un lugar infértil y estéril. Una piedra en un páramo es inútil, pues además de ser un lugar yermo la piedra nunca podrá crecer, haciendo de tal lugar un sitio intrascendente, triste, con pocas esperanzas de ver su redención. Y quizá eso es Comala: un lugar de muertos esperando su resurrección, en donde no existe amor, solo deseo, en donde no hay voluntad, solo sumisión, en donde la muerte ya llegó, y aún la esperan.

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