lunes, 14 de marzo de 2011

El resultado de lo efímero

Por Guillermo Fajardo
Gritan, se indignan. Salen a la calle en masa, esperando ver un cambio que comience a limpiar y bruñir las actuales acciones políticas- para ellos-, enlodadas hasta el tuétano de lo que no consideran inamovible: la estupidez. La democracia descubre por vez primera que las expresiones de un importante estrato social, no surgen debido a las obvias violaciones de los antaño regímenes cerrados imperantes en buena parte de América Latina; sino que más bien son resultado del nervio artificial recién incorporado a las nuevas democracias: los medios de comunicación. La tecnología avanza, impecable, como un tipo de conexión necesaria que mantiene constante el flujo de información que los ciudadanos necesitan, para brincar de la privacidad  y pasividad de la habitación propia al coliseo de la vida pública. En cuestión de días es posible convocar a miles de jóvenes a que salgan a las calles. Ya ahí, levantan la mano por cualquier cosa: qué importa el partido gobernante. Son jóvenes relativamente bien informados acerca del mundo que los rodea; medianamente preocupados por salir adelante; gastan su aliento combatiendo lo “políticamente incorrecto”; tienen blogs y cuentas en las redes sociales que impulsan a otros jóvenes a expresarse. La culminación de este proceso es un resultado inútil, poco previsor, siempre circunscrito a un ámbito temporal bastante limitado y, por lo mismo, efímero, esporádico, casi lúdico. El raudal anónimo de voces que se alzan desde la red estructura, día a día, el puente que va de la unidad (la persona misma) a lo difuso: ese mar de información. Abocados a combatir la matanza de focas en Canadá; la muerte de estudiantes en Monterrey; conminados por los otros a ayudar a Haití o rechazar a viva voz la Ley de Arizona; inmiscuidos en este ambiente activista muy bien visto desde cualquier ángulo pero insustancial en el día a día, viven señalando, sin lograr atravesar entre ese dedo índice y el mal señalado, un sólido y sano espejo.
 A partir de ese momento descubriremos que la lucha es en pequeño, desde nosotros, y no mediante ingentes manifestaciones, cohesiones indiscretas de jóvenes supuestamente independientes y libres pensadores: izquierda que apoya cualquier movimiento populista; la derecha que los ve con desagrado y temor. Es la laberíntica red de información la que nos pone en contacto con opiniones que de otro modo nunca escucharíamos. Es aquí donde se anota un precioso gol de información. Cuánta es suficiente es otra cuestión.
Orillados a escalar cada vez más esta montaña que se desborda (por qué es la primera vez que accedemos a un mundo privilegiado en donde podemos ser escuchados), estamos felices de ser nosotros los que podemos influir en otros. Hay, sin embargo, un dejo de oportunismo en esta posibilidad: si hoy se derrama petróleo en el Golfo de México, salgamos a las calles a defender el medio ambiente y a contrarrestar la ambición desmedida de las compañías petroleras. Si hoy matan a una niña, toquémonos el corazón y preguntémonos cuántos niños no mueren así. Si hoy matan a dos mexicanos en la frontera, lancemos injurias desmedidas desde nuestras azoteas en contra del gobierno americano. Ese el problema: la profusión de acontecimientos difundidos por los medios no permiten que nos concentremos en uno solo. Es en este paso donde se pierden las fugaces intenciones de querer cambiar el contenido de un hecho determinado. El expediente personal de compromisos debe de ser eso y nada más, pues no es compartiendo con millones mediante palabras y acciones momentáneas que lograremos fundar sobre bases sólidas el cambio esperado. Las arenosas manifestaciones pierden sentido en cuánto olvidamos, meses después, el sentimiento que nos llevo a estar ahí. Dejar de hacer lo “políticamente correcto” para hacer lo políticamente necesario nos embarcará inmediatamente en el muro de la esperanza discreta y sin duda alguna posible; en el capítulo cuyo epígrafe beneficiará el plan general del joven universitario que sueña con una nueva posibilidad; este nuevo camino templará nuestras pasiones, las reconducirá por un camino de coherencia y compromiso ¿Quieres ver un nuevo país? Reinvéntate desde lo cotidiano.

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