sábado, 4 de junio de 2011

Las desgracias.

Por Guillermo Fajardo

Alfonso Zárate, perspicaz analista político, preguntó en su columna de El Universal lo siguiente: “¿De verdad creen, quienes promueven la candidatura de Ernesto Cordero, que la cosmetología política, el marketing y otros artificios serán suficientes para hacer el prodigio y convertir a una figura tímida y anticlimática en un candidato capaz de disputarle la presidencia al PRI?”. Este agudo articulista no sabe que fue a través de todo lo que menciona como se ha construido la candidatura de Peña Nieto: un hombre poco inteligente con tubérculos que acechan lo que ahora es impoluto: su imagen. El espejo del PRI es el propio Peña Nieto: el candidato a desmentir, no a vencer. El hombre de los cientos de compromisos; el hombre que destapa su corazón y su cotidianeidad como ciudadano cuando sale cansado del trabajo, el hombre insípido pero terso, mórbido y tragable, risueño y misterioso. Hemos asistido a la seducción a la carta, en palabras de Lipovetsky: el menú personalizado para cada elector. Y es que Peña es político pero también artista, famoso pero también sencillo, candidato que se destapa sin hacerlo, promotor de empresas pero guardián celoso del medio ambiente.


 Por otro lado, este mismo articulista piensa que la carta a favor de Cordero fue al más puro estilo priista. Se equivoca otra vez: en el pasado la cargada se daba porque el preferido del Presidente ya había sido elegido, esto significaba el fin de la contienda interna: en el PAN apenas comienza. Se contradice a sí mismo al afirmar que: ¿Qué se proponen con el prematuro destape? ¿Darle visibilidad a un casi desconocido secretario de Hacienda? ¿Desalentar a los que compiten por fuera del círculo presidencial? Pues si eso pretendían, el ejercicio puede resultar un ensayo fallido. Precisamente porque el ejercicio resultó, según él, un resultado fallido, la cargada a favor de Cordero no es igual a las épocas priistas. A la pregunta de cuál era el propósito, se contesta a sí mismo haciendo la pregunta siguiente. El destape de Cordero tuvo un efecto de concentración de opinión que no ha tenido Alonso Lujambio, Josefina Vázquez Mota o Santiago Creel cuando se destapan cada dos horas en distintos medios. Las sensaciones que ahondan más fuertes son las que provocan una descarga fulminante. Esta lo fue. Nadie declinó porque es prematuro hacerlo: es irresponsable. Los tiempos políticos son ponzoñosos para quién no los respeta: he ahí la obsesión de Fox de abatir a López Obrador.

El PAN ha fallado en su estrategia para diluir y empapar a la ciudadanía de su proyecto. La estrategia contra la inseguridad es desgastante y cansina, opaca y evasiva. La consolidación de un proyecto político se logra mediante el convencimiento de voluntades, de bocas y manos que se unen. La batalla contra el narcotráfico, la más puntiaguda de las decisiones, fue tomada casi al vapor. No se esterilizó la jeringa, no se corrigió el texto. Se creyó que la presencia de los militares ahuyentaría a las bacterias. Y ahora una sombra acecha a los panistas: parece que el electorado prefiere a los corruptos y no a los inexpertos; parece que los jóvenes prefieren al PRI a pesar de sus viejas prácticas; que la sociedad prefiere escuchar mentiras bondadosas a verdades que sangran. Que prefieren el circo de Moreira a la circunspección de Madero. El PAN debe dejar de acudir al pasado como fuente inagotable de objeciones: si el partido quiere construir candidaturas, que presente un proyecto de país y se deje de presentar como lo que no es: un partido moderno que a veces luce cansado, con una carta muy abierta de jóvenes que sin embargo se muestran escépticos, con una voluntad férrea pero desmañada. La política es el lugar donde se contonean las ideas. Donde la facilidad del discurso debe ir acompañada del rasposo ¿cómo?, donde la pregunta que se le hace a la ciudadanía no es unilateral sino incluyente. Si se aspira a gobernar, se debe aspirar a entender. Andamos y nadamos entre fauces siniestras, localizamos el dolor pero no la medicina. El juego político consiste en el debate y no en la evasión, en la seriedad y no en la desfachatez, no en el ingenio, sino en la inteligencia. La democracia es un texto abierto que miramos con desagrado por las promesas incumplidas: el problema es que solo hemos mirado la portada. Vale la pena desentrañar las oraciones, leer la novela completa, soñar con el final.

http://guillermofajardo89.blogspot.com

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