Por Guillermo Fajardo
Moviendo las manos, sonriendo y rociando de huecos discursos a la televisión, Enrique Peña Nieto será una tabla de flotación aceptada, maniatada y controlada por el PRI. Para mantener la ventaja tendrán que acallar al candidato. Propuestas llevadas por la corriente; infectadas de elocuencia e infecundas de neurknas. Si el PRI pretende ganar deberá mantenerse a flote, nada más. Qué fácil. Qué sencillo.
Conforme pasan los meses una extraña sensación de aturdimiento socava las fuerzas que la sociedad civil parecía tener. Javier Sicilia, olvidado. A pesar de ser nombrado como una de las figuras más importantes del 2011, Sicilia está parado ya en el rellano de la repetición. Las redes sociales han funcionado como un espacio en donde se discute lo insulso, lo insípido, lo insustancial. ¿Qué ha pasado que en otras latitudes han funcionado como baluarte contra los poderosos; voz activa que se une al cambio; mecha corta que promueve la movilización? En México la sociedad se hunde en su cieno, ahogada de una infamante perpetuidad para lo absurdo, dando tumbos hasta ver de frente la fachada de la política sin atreverse a entrar al templo. Basta como ejemplo lo ocurrido ayer con Carlos Talavera, funcionario de SEDESOL en Michoacán que aseguró que las indígenas olían mal. ¿Quién se acuerda de él ahora? ¿Dónde están los defensores de la causa indígena?
El PAN y su alma hecha pedazos navega balbuceando una y otra vez que su musculatura reside en el oprobioso y podrido pasado del PRI, pero no en sus nuevos cuadros. A veces al partido se le olvida que tienen cosas que presumir. El Presidente Calderón y su obsesión por allegarse de colaboradores (no todos) pequeños, le asegura un triunfo en su imagen. Si los astros se conjuntaran para darnos una respuesta, segqramente nos asegurarían que la lealtad sobre todas las cosas y el rechazo al PRI son dos conjuros necesarios para entrar de lleno al Gabinete. Quizá esta actitud autoritaria (hacia dentro del partido) sea fruto de una imagen presidencial desgastada por los medios de comunicación y la apertura hacia la crítica presidencial.
El PRD está perdido. Sigue llevando a cuestas la triste idea de los extremistas, de los que no se cansan en señalar a una caterva imaginaria de poderosos que no nos permiten avanzar. AMLO y su mundo fantásticos de paralelismos decorados de maldad. La izquierda y su falta de definición.
En el 2012 se puede asegurar un discurso empantanado por las, eso sí, necesarias pero no suficientes descalificaciones en el ruedo político. Será verdad que hay que rasurar al adversario para contrarrestar sus efectos públicos, pero no centrar el debate en sus defectos. El denuedo de las ideas abarcará a aquel que se permita tenerlas. En política importa más la percepción que la realidad: bastará, entonces, que los electores muerdan el anzuelo de la buena imagen para dar su voto a quién más confianza les inspire. Si el PAN opta por Josefina Vázquez Mota, está perdido. Y es que ofrece lo mismo que EPN: una imagen bien equilibrada con el punto a favor de que es mujer. El problema reside en que Peña Nieto y su equipo han construido una aureola de santidad televisiva desde hace 6 años. Josefina lleva las de perder. Pero ya mostró la mujer un empuje directo propinándole una buena derrota a Los Pinos: le ofrecieron la candidatura en el Estado de México que muy amablemente rechazó. No hay que esperar demasiado del 2012. Ya lo he dicho y lo repito: la democracia se hace día a día, y no hay que esperar un nuevo comienzo para inflar la esperanza de avanzar. Valdría la pena ponerse a reflexionar si los efectos paralizantes de la contienda contribuirán a un sexenio presidencial varado en la rispidez, o en la amplia categoría de la cooperación entre partidos. La respuesta no está, sin embargo, en la política: está en la sociedad civil que, hoy día, se encuentra encallada, silenciada y apática ante lo que sucede a su alrededor. Moviéndose con la crítica barata de los que opinan, la población sigue avanzando, feliz, hacia un destino de menos impuestos, más subsidios y polarizaciones inútiles. Nada más. Quieren lo justo. Y lo justo recibirán.


