domingo, 27 de noviembre de 2011

Déjame te cuento algo

Por Guillermo Fajardo

Iré directo al grano: no me gustó el discurso de Vallejo en la FIL. El día de ayer tuve una discusión electrónica con un compañero el cuál veía en las palabras del escritor una pasmosa y profunda elucubración política. Yo sólo veo simpleza. Un mensaje tosco, trillado, sin una idea de fondo original. Si sus tres mandamientos llevan cargados el virus de la inteligencia que alguien me explica dónde está. Veo poco en su mensaje y mucho en su estrategia: comenzaré a leer muy pronto La virgen de los sicarios. Pero el punto toral de lo que dijo reside en que entubó y abrió la manguera para dejar escapar el líquido hacia un solo lado: no voten (¡para qué!), no se reproduzcan (no sé qué decir, ¿qué digo?) y respeta a los animales (comparando a uno con Fox). Nunca me han gustado las críticas simples, que no proponen. La alternativa a algo como propuesta es mucho mejor.
Vallejo viene a confirmarle al ciudadano de a calle lo que se respira en el aire: no vengas a votar que todos son lo mismo. ¡Vaya pensamiento del gran escritor del mundo hispano! ¡Qué elocuencia, qué delicadez, qué originalidad! Sus narraciones serán excelsas, pero le sucede lo mismo que a Fuentes: sus opiniones políticas son en extremo trasnochadas. Qué bueno que opine, vivimos en un país democrático. Qué bueno que alce la voz y critique, vivimos en un país donde se respeta la libertad de expresión. ¿Pero no votar? ¿Entonces qué hay que hacer? Es mediante el voto donde se equipara la fortuna de la libertad y la conquista de la igualdad. ¿No votar? ¿En serio? Si tenemos a los mismos gobernantes es porque el ciudadano no quiere informarse. ¿Qué me dicen que, después de saberse de la deuda de Moreira su hermano queda como Gobernador? ¿No quieren a esos gobernantes? No voten por ellos.

Si estuviera escuchando a cualquier otro ciudadano, sin un título que lo acredite como uno de los grandes escritores, no me sorprendería porque no esperaría de él más de lo que es. Pero de Vallejo sí esperaba más. No me lanzo a escribir contra él por su crítica, sino porque ésta es muy tonta, muy simple. Me pregunto qué pensaría este inquietante, inteligente y profundo hombre de estado si algún político saliera a decir que no lean. ¡Qué Dios nos agarre confesados! Vallejo califica a todos los políticos de “aprovechadores públicos”, inflamando la mente de sus lectores para arrojarse contra ellos como inquisidores que exigen ver traslúcidos a sus gobernantes: desde su vida privada hasta su rutina. Su corta pero sesuda clasificación política deja corta a la de Aristóteles: además de aprovechadores públicos tenemos… ¡atropelladores públicos! Sorprendido, busqué en todos lados pero no encontré tal definición. Algunos son despreciables, sí, pero su discurso bobo polariza lo que debería enmarcarse en el diálogo: así como la espina dorsal de la democracia no es la exclusión ni la toma de bandos, pero la inclusión y la acción centrípeta de la unión, la literatura no es el lugar de la irresponsabilidad y la locura. Vallejo está ciego. Se parece a la campaña de Xavier González Zirión cabalgando en la intolerancia al grado de decir: no tenemos empacho en decir groserías porque estamos hartos de los políticos. Nuestra posición moral como ciudadanos está por arriba de la suya como servidores públicos. Solo nosotros dictamos cátedra. Solo nosotros nos subimos al púlpito. Solo nosotros agarramos el micrófono. Solo nosotros podemos aleccionar. Estos dos genios viven pertrechados con la pandilla de los virtuosos queriendo espantar a la camarilla de los bandidos.  

Dice que el Presidente es indigno de su cargo. Otra vez lo mismo: la labor del escritor no es estar indignado sino alerta. Que proponga, a través de su narrativa, alguna u otra solución (si la tiene que alguien me lo diga y de antemano me disculpo por mi ignorancia). Pero Vallejo está cómodamente escondido tras bambalinas esperando que sus lectores le aplaudan. Será Fox un hombre despreciable, ruin y tonto. Pero no bajemos el discurso para decir que es un animal. ¿Un hombre de letras insultando a alguien de esa forma?
Para culminar sus magníficos y sabios pensamientos que, a mí, por su radicalidad y simpleza, me parece que los podría enunciar alguien de 20 años, el escritor se lanza contra la iglesia. Una de las instituciones más calumniadas por algunos porque ven en ella los resabios que fueron y los errores que son, pero no el sostén moral que a millones les da esperanza.

Tienen bastantes cosas reprochables. Demasiadas para pregonar que Dios es misericordioso. La iglesia, y hay que decirlo, es una escuela de sufrimiento terrenal. Aclaré esto para que no vayan a ladrar como perros, a sacar la lengua como víboras o cagar como cerdos (estoy imitando el lenguaje del escritor, por si no se habían dado cuenta, que en tan alta estima tiene a los animales).
Dice: La iglesia defiende un óvulo fecundado por un espermatozoide, pero sí permite que acuchillen a las vacas y a los corderos que sí tienen sistema nervioso, ahí si no levantan la palabra: si ha habido una empresa bien criminal en México es el cristianismo” Equiparar el óvulo (una futura vida humana) con una vaca es simplemente decepcionante. Esperaba más de Vallejo. Estoy realmente triste no porque sus palabras me parezcan falsas, sino porque no propone nada más. ¿En serio este debe de ser el arquetipo del escritor? ¿Pues qué pasa? Fuentes aplaudiendo a una izquierda que se desmorona, Vargas Llosa diciendo que el PRI fue la dictadura perfecta, Vallejo diciendo que todos los políticos son la misma mierda. Sigue resonando en mi cabeza el hecho fatídico de estar presenciando los albores de la estupidez, sin una propuesta que nos pueda levantar la cabeza después de la tan ansiada Revolución. Vamos a estarle aplaudiendo a los escombros, para después vivir entre ellos.

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